Por Oscar Alvarez de la Cuadra

Antes del descubrimiento de Australia, en el Viejo Mundo se creía que todos los cisnes eran blancos. Parecía una creencia irrefutable. Pero entonces, se comprobó que en Australia los cisnes también podían ser negros.Un “cisne negro” a su vez es un evento   impredecible que presenta 3 características muy especificas: rareza,   genera un impacto tremendo, y  una vez ocurrido hace que inventemos explicaciones sobre su existencia, con lo que se convierte en explicable y predecible.

El concepto se manejó por vez primera por el ensayista, investigador y financiero libanés nacionalizado estadounidenseNassim Nicholas Taleb en su libro El cisne negro  del año 2007, en el que establece que cuando  se producen fenómenos imprevisibles  e impactantes cambian totalmente el status quo. La historia de hecho no tiene lugar por cambios graduales, sino al contrario, son eventos abruptos, los que le dan forma.

Muchos eventos de cisne negro como el ataque a Estados Unidos de septiembre del 2001, la crisis financiera en el sector inmobiliario de 2008, el referéndum para el Brexit en 2016, la erupción del volcán Eyjafjallajökull en Islandia que provocó un caos aéreo sin precedents en 2010, por ejemplo y  pueden analizarse toda vez  que dichos  sucesos han pasado con el fin de determinar  las causas o indicios que apuntaban a que se presentaran.

Este año fue definitivamente de un evento de cisne negro con la llegada de la pandemia de Covid-19, y como ocurriese con los atentados del 11 de septiembre o la propia elección de Trump en Estados Unidos, fueron eventos que cambiaron definitivamente el curso de la historia humana.

En el mundo empresarial, para los que nos dedicamos a consultoría y repasamos y buscamos la mejor manera de transmitir los conceptos de pensamiento basado en riesgo a nuestros clientes, cuándo llega un evento de esta magnitud, nos deja absortos e inermes  sin distinción . ¿Que previsión pudo haber habido cuando hace un año se supo de los primeros casos de contagios de este nuevo coronavirus en la ciudad de Wuhan, China? La respuesta de la mayoría de los gobiernos, incluido de países desarrollados, fue incongruente a la magnitud del problema que se avecinaba y su dimensión queda justamente plasmada con el  número de casos de contagios, índice de letalidad y defunciones en los países afectados.

Pudimos hacer mucho y sin entrar a discurrir en cuestiones políticas. Pero aún inmersos en esta catástrofe sanitaria, sin que se vea la luz al final del túnel a pesar de la alharaca por las vacunas desarrolladas en tiempo récord, nosotros como empresarios no tenemos de otra más que reinventarnos. Mayor eficiencia operativa, atraer a los clientes con nuevas propuestas de valor y definitivamente dejar a un lado el derrotismo del  que “2020 fue un mal año en términos  económicos” para los afortunados que a la fecha seguimos invisibles al virus, sentar las bases para que el 2021 sea un año de reinvención, de mejora, de adquirir nuevos conocimientos, de afrontar los retos con mayor determinación y dedicación. Las grandes potencias que emergieron después de la Segunda Guerra Mundial, como el Japón y Alemania, pusieron manos a la obra  en levantar sus economías devastadas. No resta nada más que trabajar con mayor intensidad y ahínco, pero definitivamente sin soslayar el cuidado de nuestra salud, que  debe ser prioritario y cuidarla lo más que sea posible.

Se vienen tiempos de inconmensurables retos, pero como Darwin lo expuso, será gracias a la supervivencia del más apto,  para quien se interne hacia los adentros de esta turbulenta década de los 20s del siglo XXI.

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Imagen recuperada de https://www.huffingtonpost.es/entry/covid-19-cisne-negro-o-cisne-blanco_es_5ec7ea55c5b6d964008d0c1e

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